Las entrevistas de trabajo son esos momentos por los que tod@s queremos pasar para estar más cerca de conseguir trabajo. Pero ¿qué pasa cuando la entrevista se vuelve una mala experiencia? ¡Te lo cuento en este post!

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La chica de Recursos Humanos te llama y te dice que te espera a las 11. Vos cortás el teléfono con nervios y pegás el grito en el cielo: “¡Al fin una entrevista!”. No te importa que ella te haya hablado con más desgano que un telemarketer o que te haya exigido estar en ese horario en vez de darte a elegir. Te llamó, tenés la entrevista de trabajo y eso es lo único que te importa en este momento.

 

La canción de Rocky empieza a sonar en tu mente: estás a un paso de conseguirlo. Te sentís winner. Esta vez vas a ser insuperable: después de tanto entrenamiento, tantas entrevistas de trabajo que te dieron aún más trabajo con preguntas inesperadas y capciosas, sentís que tu preparación es óptima.

 

Los nervios ya no te traicionan y sabés qué responder a cualquier pregunta. Incluso, le vas a hacer frente sin achicarte a la peor villana, la pregunta de la remuneración pretendida. Decís: “¡Esta vez pediré el sueldo que me merezco!”. Pero siempre vuelve a pasarte lo mismo: al estar “in situ”, frente a frente con tu instigador o instigadora, te das cuenta de que si decís tu verdadera remuneración pretendida, nunca te va a volver a llamar.

 

Mientras tanto, afuera, en la sala de espera, tus tres contrincantes: pibes de veintipocos dispuestos a cobrar miseria a cambio de experiencia. Y así es como tu canción ganadora de Rocky se convierte en “Another one bites the dust” de Queen. Y se va todo al carajo.

 

Este año, durante los meses que estuve buscando trabajo en Comunicación, tuve la suerte de tener varias entrevistas que, semana a semana, me mantenían la llamita de la esperanza encendida. Algunas mejores que otras, claro está. Estuve en búsqueda activa durantes tres meses y en ese tiempo tuve entrevistas en 13 lugares distintos. Algunas de ellas quedaron para el recuerdo, pero por lo terribles que fueron. Y de eso se trata esta nota: de aquellas entrevistas que hubiera sido mejor perderlas que encontrarlas.

 


Las 3 peores entrevistas de trabajo que tuve

 

Forreada #1

El puesto que buscaban ocupar era de asistente en una Consultora de Comunicación Institucional en Palermo. Pedían periodistas o estudiantes avanzados de Comunicación para trabajar por seis horas. La directora de esta consultora fue quien me entrevistó y era egresada de Comunicación de la UBA. Pensé: “Bueno, una a mi favor. Ella sabe lo que es buscar trabajo siendo egresad@ de esta carrera, no creo que ofrezca malas condiciones”.

 

Empezamos a charlar y me contó de qué iba el trabajo: “Vas a hacer tareas de todo tipo, desde redactar artículos, organizar eventos, asistencia… incluso hacerme el mate”. WTF. Ocho años estudiando dos carreras, haciendo cursos de todo tipo y con 5 años de experiencia en el rubro de la Comunicación para terminar limpiándole el culo a una mina que se cree Madonna por tener su propia consultora.

 

Luego de hablar alrededor de media hora y sin preguntar siquiera sueldo pretendido, finalmente soltó a la ligera, como pensando que era lo más correcto del mundo: “El sueldo es el legal, creo que son seis mil y pico…”. No hace falta agregar más nada.

 

Lo peor es que me llamaron para una siguiente entrevista un mes después y yo fui por las dudas, por si no conseguía otra cosa. Pensé: “Puedo agarrarlo mientras tanto. Tendría toda la mañana libre para seguir buscando otro trabajo”.

 

Cuando fui a la siguiente entrevista pensando que tenía ese trabajo en el bolsillo, para mi sorpresa, yo no estaba sola. Había otras cinco personas que iban llegando por turnos de 40 minutos para… ¡rendir un examen de redacción y redes sociales! ¡Por ese sueldo de mier*! Lo bueno es que no me volvieron a llamar.

 

Forreada #2

Era un puesto de redactora full time para agencia de Publicidad en Palermo. Llegué cinco minutos antes y, para romper el hielo, le dije a mis entrevistadores (un hombre y una mujer): “Llegué temprano, ¿no?”. El tipo me lanzó una mirada lapidaria y me dijo: “Sí”. Fue cara de póquer toda la entrevista.

 

Me preguntaron a más no poder sobre resultados numéricos de acciones publicitarias que había hecho en mi anterior trabajo. ¿Yo qué sé? Yo redactaba, no era la que se encargaba de hacer los reportes. ¿Querés también que te diga cuánta guita facturaba la empresa por mes? Me fui sabiendo que no me iban a llamar ni yo iba a querer trabajar con los Voldemort y Bellatrix Lestrange de la Publicidad.

 

Forreada #3

Me llamaron para el puesto de Editora de Contenidos full time en una agencia de Comunicación en Ramos Mejía. Me entrevistó el dueño, un treintañero que había vivido la mitad de su vida en España y había vuelto a su añorada tierra para explotar a sus empleados.

 

Me contó sobre la empresa, le dije que había mirado su página e, incluso, le hice sugerencias de manera gratuita para que la mejoraran. ¡Si supieran lo malos que eran los textos del Home de la página! Si me decías que era el sitio web de una empresa dedicada a vender vidrios, quizás los perdonaba. ¡Pero era una agencia de Comunicación!

 

Cuando me habló sobre el puesto, me dijo que se iba una chica que hacía cuatro años trabajaba ahí y que quien la reemplazaría se encargaría de coordinar a otras dos con menos experiencia. Esa idea me encantó (siempre me gustó la idea de liderar), así que me entusiasmé.

 

Pensé: “Esta es la mía. Tener a cargo a dos chicas implica que puedo pedir un sueldo decente”. Pero como no la quería cagar, dije lo mínimo: “$12.000 en mano”. A lo que él, para mi sorpresa, respondió que no disponían de tanto dinero como para pagar ese sueldo, pero sí que sorteaban a fin de año un viaje entre todos los empleados. Ja ja ja. Dame el sueldo que me corresponde, inmundo animal.

 

 

Pero la cosa se puso aún peor cuando me dijo la modalidad de pago: “Parte la pagamos en negro y parte en blanco. Porque no sé si sabías, pero cualquier abogado te va a confirmar que los únicos aportes que importan son los de los últimos 10 años. Entonces, preferimos pagarte un poco más a vos que regalarle esa plata al Estado”. Nunca me volvieron a llamar.

 

Si vos también saliste de entrevistas echando fuego por la nariz, si a vos también te forrearon y si tenés alguna historia memorable, me encantaría que la compartieras acá abajo en los comentarios. Contarnos cómo fueron nuestras malas experiencias hace que no nos sintamos tan sol@s.

 

Por último, aprovecho para insistir en que, si todavía estás buscando laburo en Comunicación, aproveches este tiempo muerto para emprender en un proyecto propio online. Te lo juro, vas a aprender muchísimo y vas a adquirir conocimientos y experiencia que de otra manera no habrías adquirido. No importa si a la larga el proyecto no funciona, el hecho de que aprendas todo lo necesario para manejar tu sitio web, promocionarlo, manejar sus redes sociales y realizar mediciones del tráfico, es muy enriquecedor. Una experiencia completísima. De eso te cuento un poco más en profundidad en mi anterior post. Ojealo: ¿Cómo adquirir experiencia laboral comprobable sin que nadie te contrate?

 

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Ahora sí, ¡hasta la próxima!

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